viernes, 8 de abril de 2011

Blanconievo y las seis enanitas

Erase una vez en un reino muy, muy lejano un rey muy, muy bello, que todos los días le preguntaba a su Tele magica:
-Telecita, telecita, ¿Quién es el hombre más bonito?
Y la Tele siempre le respondía:
-Tú, mi rey, eres el más bello de todos.
Pero un día la Tele le respondió que había otro hombre mas bello que él. El rey, colérico, le pidió que se lo mostrara y vió a su joven hijastro, que se estaba convirtiendo en un caballero muy apuesto.
El envidioso rey ordenó a una leñadora que asesinara a Blanconievo y que le trajera su corazón como prueba de que estaba muerto. Pero la leñadora estaba enamorada del joven príncipe, y fué incapaz de cumplir el mandato del rey, por lo que en vez de llevarle el corazón del principe, le llevó el de un hipopótamo.
Blanconievo, abandonado en el bosque, donde la leñadora lo había llevado para matarlo, comenzó a caminar en busca de ayuda y encontró una enorme mansión.
Cuando entró en ella, porque la puerta estaba abierta, vió que todo era muy pequeño. Luego de inspeccionar la casa completa bajó al primer piso y se encontró de frente con una enanita que le miraba furiosa en el umbral de la puerta.
-¡¿Que haces aquí?! -le gritó la enana.
El príncipe tartamudeante les dijo su nombre y les explicó que se había perdido en el bosque.
-Puedes quedarte con nosotras -comprendieron las seis enanitas.
Blanconievo les dió las gracias.
Cuando las seis enanitas salieron a trabajar al Club Nocturno, Blanconievo se quedó a cargo de la casa, preparando un arroz el cual se le quemó, arreglando el cálefon, el cual no dejaba de apagarsele y comiendose las uñas de puros nervios*
Al poco rato llegó el padrastro, quien había adivinado facilmente que el corazón de hipopótamo no era de su hijastro y había decicido convertirse en vendedor de hotdogs para completar su misión.
Blanconievo, tentado por el olor del pan recien salido del horno y por el de la salchicha calientita, no pudo resistirse a provar uno de los hotdogs envenenados que el vendedor le ofrecía.
El príncipe cayo desmayado y el padrastro huyó veloz para preguntarle a su telecita lo de siempre.
Las enanitas llegaron entrada la noche y lloraron por el bello príncipe.
Lo metieron en un ataúd de cristal para poder admirar su belleza y lloraron por el durante días. Luego de unas semanas, apareció por ahí un apuesto principe (no tan bello como Blanconievo) montado en un caballo rosa. Era el amor verdadero de Blanconievo.
Se inclinó para darle un beso que lo despertara del encantamiento y ambos principes se enamoraron.
Y Blanconievo y el principe vivieron felices en Argentina...*


Colorín colorado, este cuento se a acabado.
Y éste pasó por un zapatito roto,
para que otro día te cuente otro.


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*Gay, de diferentes maneras.
*En Argentina se acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo.
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